El camaleón popular
Hubo un tiempo, no tan lejano, en una galaxia remota de San Telmo, un grupo de irreductibles urcitanos lloraban por las esquinas. Aquellos padres del centro-derecha almeriense vieron durante décadas como un agujero negro, bueno era rojo socialista, devoraba sus esperanzas con la misma voracidad con la que ellos hoy engullen las ilusiones de los que todavía les siguen apoyando en Almería. En aquellos maravillosos años —como el título de la serie — de oposición ruidosa y destructiva, se envolvían en una calculada ambigüedad regionalista, coqueteando con el agravio de una Almería abandonada, incluso trajeron como reclamo electoral a un “joven” Arenas.
Pero el poder, ese bálsamo que todo lo cura, ha obrado el milagro. Los que antes recelaban del centralismo sevillano son hoy más andalucistas que el mismísimo Blas Infante, luciendo con fervor banderas verdiblancas que les quedan, francamente, tan impostadas. Las ondean hasta con desgana, pero lo hacen. Les va en el sueldo.
Es fascinante, por no decir obsceno, observar cómo aquellos que bailaban parrandas en la intimidad hoy sean tan flamencos. Los otros flamencos, los de rosa, vuelven a salir huyendo porque de nuevo las salinas de Cabo de Gata están secas. Recuerdo a cierto consejero, huido con apremio de la capital, como adornó su balcón familiar con la enseña andaluza un 28F donde nos citamos los de Acción por Almería en Puerta Purchena, cuando no había charco o charca, para nunca más repetir tal acción en la misma la efeméride. Fue aquella una puesta en escena tan efímera como su lealtad al sillón municipal. Es ahora, y no fue antes con un gobierno socialista, cuando nos traen una cátedra de historia del andalucismo en la Universidad de Almería, precisamente en la provincia menos andaluza —si es que lo es en algo—, mientras nuestros escolares siguen estudiando en aulas prefabricadas que ya forman parte del paisaje escolar.
La metamorfosis del Partido Popular de Almería ha sido total. Han pasado de ser la voz del descontento a ser la alfombra de un sistema que nos sigue tratando como ciudadanos de segunda. Mientras ellos se llenan la boca con la “Andalucía líder”, los datos, esos enemigos de su propaganda, nos devuelven a la realidad. Almería tiene la renta neta media más baja de España, y ostentamos el triste récord de ser la provincia con la peor ratio de médicos por habitante. Lo de ser la eterna isla peninsular ya ha dado para varios artículos. Sus promesas de campaña se evaporan en cuanto se sientan en el coche oficial. Y si te he visto, no me acuerdo, por lo menos hasta dentro de cuatro años. Heredaron del socialismo no solo el sillón, sino esa maquinaria tan bien engrasada como es la red clientelar, algo que tanto criticaban y que ahora alimentan para asegurar el colegio de pago de los niños y la casa familiar de verano con piscina, dejando en la cuneta a los almerienses a los que poco o nada les importamos.
La realidad es que el PP y el PSOE en Almería se han fundido y confundido, son una UTE de intereses compartidos. Están unidos por la corrupción, por las mordidas, por las mascarillas y por la incapacidad manifiesta para resolver los problemas reales de los almerienses. Almería no necesita más sucursales de Madrid o Sevilla, ni políticos cuya única ambición sea no molestar a sus jefes, para seguir saliendo en la foto. Necesitamos, sencillamente, a gente que tenga por primera vez en décadas Almería como prioridad.
Como todo buen ensayista, aquí les dejo para el final la fuente bibliográfica utilizada para elaborar este artículo. No he necesitado recurrir a la sofisticación de la IA para retratar a este camaleón. Me ha bastado un simple paseo por el señor Google para que la hemeroteca los deje retratados, como dice Pedrerol. Hagan la prueba ustedes mismos, escriban “PP Almería critica a la Junta de Andalucía”, el buscador devuelve mágicamente un reguero de titulares que hoy se leen como literatura fantástica. Denunciaban con la voz rota que se nos “hurtaban” millones de la Deuda Histórica, bramaban contra unos presupuestos “engañosos y oscurantistas” y exigían, con el dedo índice tieso, que Almería dejara de ser la “provincia condenada al olvido”. Es demoledor comprobar cómo aquellos que pedían “dinero contante y sonante” para hospitales y colegios son los mismos que hoy nos recetan paciencia como solución a una pésima gestión que nos mantiene a la cola de todo. Lo que antes era “abandono socialista” hoy es “estabilidad popular”, demostrando que, para el PP, Almería solo fue un ariete para asaltar el palacio que hoy habitan con la misma desidia que tanto criticaron.
