#AlmeriaNOESAndalucia

Hace ya más de cuatro décadas que a Almería se le impuso un traje de faralaes que no era de su agrado, una vestimenta forzada en aquel pucherazo del 28 de febrero de 1980 que todavía supura en nuestra memoria colectiva. Lo que el pueblo almeriense llevado a urnas expresó a través de la abstención fue secuestrado por una ley, un cambalache legislativo retroactivo, donde diputados y senadores prefirieron el “enjuague” de los intereses de partido a la soberanía popular, enterrando nuestra realidad regional para alimentar el mito de una Andalucía uniforme. Nos convirtieron en andaluces por decreto, forzados a pertenecer a “creación artificial” que ha servido para marginarnos sistemáticamente desde hace cuarenta años. Es hora de sacudirse la indolencia y recordar que Almería no es el patio trasero de nadie, sino una región con luz propia, así lo fue durante siglos, que exige hoy su lugar en el mapa.

Nuestra esencia no nace de un despacho en Sevilla, sino de una herencia milenaria que nos vincula al Levante y al arco mediterráneo. Como bien rescató Nicolau Guillem en su libro, Almería fue un reino levantino, una provincia con una entidad regional, indumentaria y habla propias que nada tienen que ver con el folclore de la Andalucía del Guadalquivir. Durante décadas, las instituciones y la Junta han orquestado un borrado cultural: desde la escuela hasta los medios, nos han impuesto el verde y blanco sobre nuestra esencia roja y blanca, intentando convencernos de que nuestra identidad era una anomalía que debía ser corregida. Pero la cultura de un pueblo no se borra con publicidad institucional ni con vallas de la Junta; ni con “desayunos andaluces” en los patios, ni con pailas de arroz en las plazas de los pueblos, se lleva en el ADN de una tierra que siempre miró al mar mientras Andalucía le daba la espalda.

El bipartidismo ha sido el brazo ejecutor de esta tropelía. Durante décadas, el PSOE sevillano alimentó un centralismo asfixiante que drenó nuestros recursos. Ahora, el Partido Popular nos vende un nuevo centralismo malagueño bajo el disfraz de una gestión amable, pero la realidad en Almería sigue siendo de “pésimas comunicaciones” y perpetuando ser la isla peninsular. Ambos han fallado conscientemente. Han permitido que seamos la última provincia en inversión por habitante, ocupando repetidamente el vagón de cola en los presupuestos. Para ellos, Almería es solo una despensa agrícola, de votos y de recaudación de impuestos. Un solar para sus promesas incumplidas. El tonto útil. Somos una “región periférica” tanto para Madrid como para Sevilla. Una región que ya no puede esperar más a que decidan cuándo nos toca progresar, como debe ser nuestro futuro.

Los datos son el acta de acusación de este abandono. Vivimos en la zona más árida de Europa con un déficit hídrico estructural que amenaza nuestra supervivencia. En sanidad, soportamos una de las peores ratios de médicos por paciente de Andalucía, con hospitales y centros de salud que fueron proyectados y convertidos en eternas promesas tras décadas de espera, y lo siguen siendo hoy. En educación, hemos cronificado el uso de “barracones”, esas aulas prefabricadas que avergüenzan a cualquier sistema público. Y qué decir de la movilidad: somos la única capital costera sin una conexión ferroviaria digna, atrapados en una A-7 colapsada, con una Autovía del Almanzora que parece no tener fin tras años de obras inconclusas. No hace falta recordar la A92, ¿verdad? Por no hablar de turismo, vivienda, inmigración, patrimonio o universidad, ¿que han hecho de positivo por los almerienses desde la Junta? Ese es el precio de no tener voz propia en las instituciones, de ser las marionetas de las franquicias de socialistas y populares. 

Desde Almerienses, proponemos una “revuelta cívica” frente a este desequilibrio territorial. No buscamos privilegios, ser más que nadie, no somos ni nacionalistas ni independentistas. Queremos justicia y el reconocimiento de la Región de Almería como comunidad autónoma uniprovincial dentro del marco constitucional, siempre dentro de la ley. Exigimos una descentralización efectiva que traiga sedes institucionales a nuestra tierra y un plan de inversiones blindado por ley que nos saque del déficit estructural. Es momento de recuperar el orgullo y luchar por un futuro donde Almería sea dueña de su destino, rompiendo las cadenas con un ente administrativo que nos ha hecho pequeños para poder someternos mejor.

Por nuestra historia, por nuestra economía y por nuestro futuro: ¡¡¡¡ Viva Almería !!!!