Pleno, pero vacío

Asistir a cualquier pleno del Ayuntamiento de Almería es como presenciar una tertulia de esas que inunda las parrillas televisivas, una función de teatro donde a los protagonistas, a los que les pagamos nosotros el sueldo, olvidan su papel de actor local, insisten en recitar el argumentario escrito en los despachos de Madrid y Sevilla. Mientras se citaba “el Falcon”, “el Koldo” o “la Belarra” en las paredes de mármol del salón consistorial, fuera, en el mundo real, los barrios de nuestra Almería languidecen bajo una capa de suciedad y desidia que ningún discurso nacional podrá limpiar ni ocultar. Es el triunfo del sucursalismo político, de las franquicias: una ciudad del Mediterráneo gobernada desde Sevilla y Madrid.

Resulta casi cómico, si no fuera trágico, observar cómo el Partido Popular utiliza el consistorio como un ariete contra la Moncloa, mientras el PSOE se convierte en el escudo de Pedro Sánchez. Idénticamente, pero a la inversa, los populares defienden a capa y espada a Juanma Moreno de las críticas a la Junta de los socialistas. Se lanzan reproches sobre presupuestos generales que no llegan y deudas estatales, pero se dispersan en dar una explicación y una solución ante la vergüenza de tener la oficina periférica de Los Ángeles cerrada a cal y canto desde hace tantos años. 

El cinismo alcanzó su cénit durante el turno de consulta pública. Ver a un vecino, Carlos Javier López, volver a reclamar un paso de peatones que lleva reclamando desde el barrio veinte años, solo para recibir la consabida respuesta de manual de “estamos trabajando en ello”, es la constatación de que la política municipal ha perdido su utilidad en manos del bipartidismo. Para nuestros gobernantes es más urgente debatir sobre la política exterior en Oriente Medio que resolver por qué los niños de varios colegios tienen instalaciones escolares en estado deplorable, como las instalaciones deportivas públicas se caen a pedazos porque no ha habido control alguno sobre las concesionarias durante años. Es la expresión de la incompetencia municipal. El pleno está lleno de cargos, que demuestran reiteradamente ser más una carga; lleno de asesores y consignas, pero vacío de soluciones.

Desde Almerienses observamos este esperpento con la impotencia de quien sabe que nuestra tierra merece más que ser el escenario de las riñas de dos partidos que solo ven en Almería un puñado de votos para sus balances nacionales. El PP presume de una “gestión seria” mientras devuelve millones de euros en subvenciones por su incapacidad para ejecutarlas, y el PSOE ejerce una oposición estéril porque se ocupa y preocupa más en defender al amado líder que a los barrios donde la mugre se incrusta en las aceras. Ambos han convertido el Ayuntamiento en una extensión de las Cortes Generales, un altavoz de consignas que no arregla ni una farola ni una marquesina de autobús rota.

Necesitamos, ahora más que nunca, recuperar la política de lo cercano, la que huele a calle y no a moqueta de ministerio o consejería. Almería no necesita delegados autonómicos ni nacionales, necesita gestores que sientan el orgullo de pertenecer a esta tierra y que no tengan que pedir permiso a sus jefes de filas para defender lo nuestro. Es hora de dejar de mirar a fuera y empezar a mirar al suelo para limpiar de una vez nuestras calles. El cambio no vendrá de quienes usan Almería como trampolín para su carrera política; vendrá de quienes tengamos Almería como nuestra única prioridad.

Recuperemos la ilusión. Recuperemos Almería. Almería no es la sucursal de nadie. Porque mientras ellos discuten por permanecer en el poder a toda costa, nosotros vamos a trabajar por lo que les importa a los almerienses.